La loba que llevaba uniforme

Por Emmanuel Gutiérrez

Cada vez que uno se pone a pensar en la segunda guerra mundial, le vienen a la cabeza un montón de imágenes cruentas que no son más que testimonio de las barbaridades a las que puede llegar el ser humano. Miles de soldados muriendo en campos de batalla, industrias produciendo armas letales a costa de la pobreza de la mayoría, el Holocausto, el hongo atómico creciendo a cámara lenta mientras mata a poblaciones enteras de inocentes en sólo unos segundos. Nos duele aún más pensarlo, porque aquello que vemos no es sólo nuestra imaginación tratando de interpretar las páginas de un viejo libro de Historia, sino un catálogo de imágenes capturadas en el momento exacto, cortesía de la fotografía y del cine. Sería un mentiroso si no dijera que gran parte de dicho catálogo está conformado por  secuencias del nazismo. Legiones enteras que marchan ante un deificado Adolf Hitler portando la famosa esvástica negra. Auditorios abarrotados aplaudiendo un  discurso de Joseph Goebbels. Las juventudes hitlerianas preparándose para un mejor mañana. Y aunque muchas veces recordemos estas películas como la huella de algo horrible, no podemos negar que hubo ocasiones en las que su registro produjo incuestionables obras de arte. Sólo basta con echarle un vistazo a El triunfo de la voluntad de Leni Riefenstahl para darse cuenta de ello.

Esta vez no he venido a vanagloriar o repudiar lo que sea que la Alemania Nazi haya hecho en su momento, sino a indagar en una de las cosas más peculiares que produjo dicho asunto. Como era de esperarse, el nazismo se convirtió en uno de esos tópicos tabú que el cine de explotación no dudó en adoptar; agregándole a las historias sobre el tema los elementos típicos del género: bajo presupuesto, sangre, sexo. La combinación dio nacimiento a un subgénero llamado Nazi exploitation (se quemaron el coco pensando el nombre) siendo su película más célebre Ilsa, She Wolf of the SS (1975), dirigida por Don Edmonds y producida por David F. Friedman. Pero que el título no los impresione. Tan sólo cuenta la historia de Ilsa, la directora de un campo de concentración dedicado a llevar a cabo los más temibles experimentos médicos. Uno de ellos, consiste en demostrar que las mujeres soportan más dolor que los hombres y aquí, es donde comienza a ponerse bueno, porque el género empieza a tomar partido. Para demostrar su hipótesis, Ilsa, una mujer en uniforme de la SS y a todas luces maligna, se vale de todo tipo de torturas y castigos para someter a las prisioneras a los experimentos más morbosos. Como no puede hacer el trabajo sola, cuenta con bellas asistentes que cómodamente siempre andan desnudas de la cintura para arriba. Los artefactos más extraños hacen su aparición y la sangre comienza a fluir, como si no fuera suficiente, todas las torturas son prácticamente de índole sexual (al parecer no tiene de otra) dejando muy poco a la imaginación de un espectador que debe prepararse para ver desnudos y cruda violencia durante la mitad de la película. Por supuesto que ser hombre no te salva del atroz deseo de la inhumana oficial, ya que, si no logras satisfacer a Ilsa, tu destino es ser despojado de tu virilidad.

¿Qué hace tan especial a ésta película además de estar llena de imágenes extrañas? Es el simple hecho de ser uno de esos filmes con coraje. Uno de esos que, al menos en su momento, representaron la clara inquietud de sus realizadores por ir contracorriente del statu quo. Como cada buena película de explotación que presume de serlo, nos hace pensar en la libertad, en la hipocresía de la condición humana, en la falta de límites. Las imágenes de sexo duro y lesbianismo son tan hardcore, que poco le faltó a la película para ser clasificada como pornográfica. Pero en realidad son una demostración de que toda la sangre, gritos y fluidos son prácticamente nada en comparación con la realidad. Ilsa de hecho, está basada en una persona que alguna vez formó parte de las legiones nazis: Ilse Koch, la esposa del director de un campo de concentración. Tal vez los realizadores pretendían recordarnos con su obra que la realidad siempre es más horrible que la ficción. En definitiva no se equivocaban al decir que este filme no es para cualquiera y era la voz en off de su tráiler la que se encargaba de advertirnos: “Debido a la naturaleza chocante de muchas de las escenas de este filme, éste definitivamente no está recomendado para ser visto por delicados o por los que se ofenden fácilmente”.

Emmanuel Gutiérrez. Egresado de la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM. Especialista en producción audiovisual. Actualmente se desempeña como productor y guionista en Mucho Rodríguez Films, y como redactor, ha colaborado con publicaciones como ERRR Magazine, Moebius y la revista Praxis.

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