Te prometo amor, te prometo dinero, Te prometo anarquía

Por Manuel Hernández-Samperio

“Medio país es narco, como si no supiéramos eso” afirman los personajes en un diálogo contenido en Te prometo anarquía. La problemática de los diversos tipos de tráfico es algo que ha inundado a la actual sociedad mexicana, permeando y causando heridas en todos los estratos sociales; temas como los desaparecidos, muertos y movimientos migratorios obligados son pan de cada día y evidencian  por qué esta cinta es tan actual.

Johnny y Miguel son dos jóvenes amigos de la infancia que dedican su vida a patinar, sin embargo, obtienen sus ingresos de la venta y tráfico de sangre. Esa la consiguen de diferentes amigos y de gente con la que han creado ya una red, con la cual han cumplido diferentes tratos. Su modo de vida parece redituarles lo suficiente, pero la ambición los lleva a meterse en negocios con el narcotráfico.

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A la par de sus movimientos, somos testigos de las relaciones sentimentales en que se inmiscuyen los protagonistas; al mismo tiempo, nos son reflejados diferentes momentos y problemas de la sociedad citadina: el metro (con sus respectivos vagoneros), la piratería, la música y muchas patinetas.

Te prometo anarquía, del guatemalteco Julio Hernández Cordón, tiene una historia que mezcla algunos clichés con escenas de la vida actual, que en conjunto nos dan una trama fresca acompañada de cierto suspenso y toques románticos que la convierten en un proyecto interesante dentro de las propuestas del cine mexicano actual.

Comenzando por el guión (que, en palabras del propio director, no fue respetado al momento del rodaje): se nos presenta un relato, que en apariencia se ajustaría sólo a la ciudad, no obstante, si se lo ve con ojos más críticos se puede extender a una juventud mexicana que, conforme avanza en edad, enfrenta problemas como la falta de empleo y de dinero, el machismo y la amenaza constante de caer en alguna de las ramas del narcotráfico.

Pero yendo más allá de las temáticas, la manera en que Te prometo anarquía está contada la vuelve sencilla y es ahí donde encuentra más fuerza: los amigos se dedican al tráfico de sangre, hacen un negocio que sale mal y la película da un giro que acrecienta el suspenso al tratar de encontrar una solución. En ese peregrinar se develan algunos clichés: personajes muertos, robos, viajes inesperados, etcétera, en donde queda evidenciado que el guión fue ignorado. El final puede causar cierta polémica, pues aunque tiene una intención muy clara, da la impresión de que esos minutos o escenas están de más y de que la cinta había cerrado su historia momentos antes (si el lector tiene una opinión distinta al respecto, sería enriquecedor leerla).

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Los personajes son interpretados por actores no profesionales que hacen un muy buen trabajo, pues cada actuación es completamente creíble; los jóvenes, en su ocupación diaria, se dedican a patinar y esa característica le da mayor verosimilitud. Además, las actuaciones se complementan con una cámara que sabe de las limitaciones de trabajar con ese tipo de actores, ya que prefiere los planos generales y un juego con el foco-fuera de foco para evitar close ups o tomas que pudieran quitar credibilidad. Tiene además, mucho movimiento en los seguimientos a los personajes sobre sus patinetas, quizá se abusa de él, pero están bien logrados.

La fotografía es otro punto que sobresale, el buen manejo de la iluminación se manifiesta en toda la película, su evidente austeridad no le impide tener momentos muy bien logrados, pueden destacarse los interiores en la vivienda de uno de ellos que devino en la imagen del póster.

Te prometo anarquía es una película que retoma temáticas de actualidad; hay algunos guiños hacia problemas sociales que han calado profundo y otros que son tan generales que es probable que el espectador se vea reflejado en pantalla. Si bien echa mano de algunos clichés, también es cierto que tiene frescura en lo que cuenta, logrando que en todo momento se tenga la atención del espectador gracias a los giros que va planteando en su trama.

Te prometo anarquía, Julio Hernández Cordón, México-Alemania, 2015, 88 minutos. Con Diego Calva Hernández, Eduardo Martínez Peña “Pelukas”, Shvasti Calderón, et. al.

Puedes leer la reseña en CienemAlternativo

Manuel Hernández-Samperio, “Costas” (México, D. F., 1989). Licenciado en Ciencias de la comunicación por la UNAM. Ha incursionado en la crítica cinematográfica, la creación literaria, producción de proyectos audiovisuales y algunos programas de radio como CinemAlternativo o Rock N Books. Amante de la cultura mexicana y latinoamericana, el cine, las letras y el rock en español.

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