3 días en mayo o el drama del líder

Por Israel Sandoval

¿Qué habrán pensado y sentido los grandes líderes al plantarse frente a multitudes para dar el discurso más importante de sus vidas? ¿Qué pasaría por la cabeza de Martin Luther King al pronunciar “Tengo un sueño” en 1963? ¿Qué en el alma de Winston Churchill, tras pocos días de haber asumido el cargo como primer ministro del Reino Unido, durante su anuncio, ante el parlamento y el pueblo británicos, de que Inglaterra continuaría haciendo frente a Alemania en la Segunda Guerra Mundial?

Alrededor del último hecho, de todas sus implicaciones, así como de las circunstancias y situaciones que llevaron a su realización, gira 3 días de mayo, una obra de Ben Brown, en la traducción de Noé Morales y bajo la dirección de Lorena Maza, estrenada el 29 de julio en el Teatro Helénico.

Todos, en algún momento de nuestras vidas, nos hemos preguntado “¿Qué hubiera sucedido si…”. 3 días en mayo es una exploración histórica de esa pregunta; toma como referencia uno de los momentos críticos más relevantes para la vida moderna, uno en el que se forjó, como en pocos, la suerte del mundo occidental en su totalidad. Más de una vez aquella pregunta nos ha llevado a cuestionarnos: ¿Qué hubiera sucedido si los aliados no hubieran ganado la Segunda Guerra Mundial?

Ben Brown da un giro, toma una nueva perspectiva para su investigación sobre los hechos ocurridos en los años 40 del siglo XX; no pone en el centro de ese drama al líder alemán ni al norteamericano; hace notar la importancia del primer ministro británico, uno de los líderes más admirados y, al mismo tiempo, odiados durante esa época.

Por otro lado, no otorga la mayor relevancia a los hechos bélicos, sino a la lucha interior del personaje central. La obra es más que una exploración de las funciones del héroe para una sociedad, la épica de un mundo interior, una batalla lírica contra las dudas propias de quien tiene que tomar una decisión que afectará, hasta el punto de ser de vida o muerte, a millones de personas.

La naturaleza de los papeles no permite que los actores (un grupo con mucha experiencia compuesto, entre otros, por Sergio Zurita, Luis Miguel Lomban, José Carlos Rodríguez y Fernando Bonilla) logren grandes actuaciones. No obstante, existen momentos en los que se les permite ciertos destellos y no desaprovechan la oportunidad. Hay un par de escenas, las más emotivas de la obra, donde la calidad de la actuación ya no permite objeción alguna; sin duda, el más importante es el discurso de Churchill (Zurita) para anunciar la permanencia del Reino Unido en la guerra.

Al acabar la función algunas nuevas cuestiones (sin respuesta) quedan en la mente del espectador: ¿Estamos viviendo realmente en el mejor de los mundos posibles? ¿Cómo hubiera sido la historia si Winston Churchill hubiera creído eso? ¿Es tanta la trascendencia que puede tener un solo hombre para la fortuna de naciones enteras?

La literatura histórica es uno de esos subgéneros olvidados a menudo. Quizás eso sucede menos cuando se trata de literatura dramática, ya que la representación y la elaboración de una escenografía contribuye a dar vida al pasado. Como una representante de este subgénero, 3 días en mayo nos invita a analizar el presente como una consecuencia poco probable. El trabajo tras bambalinas y la infraestructura con que cuenta son extraordinarios, un pretexto más para mirarla.

La obra se encontrará en cartelera hasta el 25 de septiembre.

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