Lecciones Absurdas De Supervivencia

Por Daniel Silva B.

Almacenados celebra su éxito con su quinta temporada, en esta ocasión en el teatro Rafael Solana del Centro Cultural y Social Veracruzano al sur de la ciudad. Protagonizada por Héctor y Sergio Bonilla, esta obra corrobora su vigencia, no sólo por el talento artístico de ambos actores, sino también por su género, que se obstina en permanecer a flote: el teatro del absurdo.

La austera zona de trabajo ―escritorio, casillero y una máquina que marca los horarios de entrada y salida de los empleados, así como la pared que tiene estampados cuatro días “normales” y el viernes invertido― es el microcosmos que “acobija” al espectador, quien debe asumir que no está frente a un simple  entretenimiento, sino ante una realidad no exclusiva del obrero o del llamado “godinez”, de la condición humana y universal.

Tras veintinueve años de trabajo en el almacén de una fábrica, el señor Lino (Héctor) está a punto de jubilarse. En su última semana laboral, recibe a Nin (Sergio), un joven nuevo a quien debe instruir en el negocio para dejar éste en buenas manos. Esta trama es la base de los conflictos que surgen a lo largo de cinco días de convivencia entre ambos empleados.

La crítica a la situación laboral es la más evidente a lo largo de la obra. Lino insiste en la importancia de la empresa en la que trabaja, pero él mismo se contradice cuando el almacén está vacío. ¿Es acaso un engaño? ¿Motivación para su joven colega? ¿O fomenta una esperanza vacía de un futuro prometedor al chico? A raíz de estas cuestiones nace la segunda confrontación de la obra: el choque de mundos, joven contra adulto, tema que en esta obra deja a un lado el sentimentalismo paternal y, en su lugar, abre diferencias entre los obreros: el caduco pensamiento conformista y creyente en su empresa ―¿en el gobierno? ¿en instituciones afines?―, frente a la mentalidad fresca que se cuestiona todo, que aprovecha su condición rebelde, fuerte y un poco desatinada, ante un personaje al que no le tiene compasión ni lástima. No obstante, Nin teme un porvenir semejante al de su compañero.

Aunadas a las dos temáticas predominantes, se incorporan otras ―las firmes convicciones del mexicano en particular, como la religión y el conformismo― que son despojadas de su solemnidad a raudales y provocan más risas de las que el público ha emitido desde el comienzo de la obra.

Con claras reminiscencias a Esperando a Godot, en Almacenados abundan los momentos risibles en situaciones que, en un día normal, son inmunes a la carcajada. Pero los Bonilla, padre e hijo, sacan a flote la obra, no sólo con actuaciones impecables y diálogos frescos. Ambos actores saben su obligación con el público: congeniar con ellos en la cruda realidad que representan y, al mismo tiempo, brindarles una comedia, no negra, pero sí demasiado ácida.

De la mano de la compañía Puño de tierra y bajo la dirección de Fernando Bonilla, Almacenados se mantiene firme en cartelera para hacer sonar su eco de un mensaje que no debe dejar indiferente a quien la vea. Una obra cuya solemnidad nos hace reír a carcajadas, pero al mismo tiempo obliga a ejercer esa libertad de cuestionamiento acerca de que, por más que afirmemos que las cadenas se han roto, muy en el fondo seguimos amordazados.

amacnados
Almacenados de David Desola, dirección de Fernando Bonilla, con Héctor y Sergio Bonilla.

Daniel Silva B. (México, DF., 1989). Egresado de la licenciatura en Creación Literaria del Centro de Cultura Casa Lamm. Amante de la buena prosa, enemigo a morir de todas las películas de Marvel y amante de los buenos melodramas.

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