Zonas húmedas

Por Itzel Fernández Ortega

Helen se pasa rápidamente el rastillo por el ano, una vez ahí, una cuchilla le corta parte de sus hemorroides. Sangra. Grita desesperadamente. Sale del baño y, apenas con un caminar pausado, llega a un hospital donde la atienden. Debe ser operada.

Zonas húmedas (Feuchtgebiete) es una adaptación de la novela homónima de la escritora Charlotte Roche. En la cinta, dirigida por David Wnendt, se cuenta de manera fantástica la historia de Helen —interpretada por Carla Juri—, una adolescente rebelde, desaliñada, impúdica, sucia y adorable.

Los padres de Helen son divorciados, esta condición moldea su mente. Ella, como adolescente, deja que su vida se rija por el pasado de sus padres, sus disgustos, sus melodramas y la personalidad de cada uno de ellos. Los rechaza: si ella es sucia es porque su madre es limpia; si ella es impúdica es porque su padre, a pesar de ser hedonista, se oculta. Ninguno la entiende.

Desde este pesar, Helen vive la vida como mejor le place, trata de alejarse de lo que conoce, cubre su entorno de suciedad en diversos aspectos; deja que su visión se ensucie con recuerdos constantes, con reproches, con dolores e inseguridades que emergieron en su infancia.

Helen llora, se ríe, se droga, disfruta, sueña, se masturba, se toca, experimenta, lame, escucha, patina, piensa, medita, fornica, se rasca, sangra, menstrua, se sumerge, come, se hurga la nariz, huele, besa, recuerda, prueba, siente placer, siente dolor. Se mete una zanahoria o un hueso de aguacate en la vagina, talla su sexo en el inodoro público, le práctica sexo oral a una prostituta, hay regocijo. Helen teme, pero se carcajea, su simpleza y su imaginación produce alegría.

Pero siente un miedo que se anidó en su ser desde temprana edad: el de perder a sus padres, a su amiga y, aunque no lo parezca, sus ilusiones. La idea de quedar embarazada la rechaza pero la imagina, la idea de amar la alienta y la entristece. Poco a poco va buscando en dónde refugiarse.

En el hospital donde la operan, conoce a Robin —interpretado por Christoph Letkowski—, un enfermero que, además de atenderla, la observa con morbosidad. Helen no desea el cuerpo de este hombre, lo quiere a él, quiere que la cuide, fotografíe su herida y la bese, la limpie, la acompañe y se quede con ella. Ha encontrado un refugio. Ha encontrado la manera de mirar hacia adelante, de olvidar el pasado.

Según Kate Millet, el amor ha sido el opio de las mujeres. El amor hace perder fuerzas o hace ganarlas. ¿Helen pierde su poder de mujer transgresora al enamorarse? ¿Helen pierde rebeldía? No, ha ganado una razón para no mirar hacia atrás.

Las zonas húmedas que aquí se tocan, son también las que hacen llorar, no solo de tristeza, también de felicidad.

Itzel Fernández estudió comunicación y periodismo en la FES-Aragón, UNAM, pero le gusta más la Literatura. Lee y escribe por amor, ama las mascotas. Su mayor logro es mantenerse fuerte y humana ante la vida.

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