Sopa de letras y música colombiana

Por Gabriela Bravo

¿Que en Colombia no tenemos buenos letristas? Basta con escuchar a Pala para recuperar las esperanzas […] un compositor ingenioso y certero, magistral en el uso del castellano y en el recurso de la ironía esparcida por sus canciones […] una curiosa mezcla de Joaquín Sabina con Fernando Vallejo, que lo consolida como un observador implacable

Juan Carlos Garay, Revista SEMANA

Accidentalmente en la sopa se forma una palabra; en aquel plato lleno de letras, de posibilidades infinitas, nace de la nada la clave para que el hombre que sorbe el líquido salado comience a darle forma a la canción perfecta; se talla los ojos y revisa de nuevo, mientras empuña con la mano derecha la cuchara de metal. Es real: ha nacido con el don de la palabra y el verso.

Carlos Palacio engulle lento de nuevo el abecedario deforme y finalmente se convence de que las señales son parte de la vida de un buen letrista; así es como derrama el plato sobre la mesa y con la agilidad de quien lleva un niño dentro del cuerpo, escribe y escribe como si lo único que le alimentara el cuerpo fueran las rimas que nacen de sus entrañas.

Pala, como es llamado en el universo artístico, se jugó una de sus cartas más difíciles cuando decidió alejarse de la medicina en su natal Colombia, para dedicarse a la música de lleno. Desde entonces su vida gira en torno a la realización de canciones a partir de la creación de letras plagadas de creatividad, metáforas, ironías y críticas, elementos inmersos en la métrica libre que han dado como resultado el lanzamiento de ocho álbumes en su carrera, siendo el más reciente Alamar, carta abierta en la que se declara un amante de la música del caribe con influencias cubanas fuertemente plasmadas en letras y arreglos musicales.

El éxito de la sopa de letras del colombiano recae en su capacidad de adaptar cada receta con toques y sabores diferentes; en 2001 y con toda una carrera por delante, Pala, lanzó su primer álbum llamado Amnesialand donde se dejó conocer con sabores similares al pop, sin perder la precisión de sus letras profundas y variables; posteriormente se unieron al recetario Colombianito (2004) y Palabras (2007), con tintes de rock pop, para dar paso al material discográfico que marcó un antes y después en su carrera musical, el disco bautizado bajo el nombre de Yo y ya, con canciones que explotaban en los oídos de los colombianos en el año 2010 las cuales conformaban, temas inmersos en la situación político social de su país y su visible posición religiosa, que hacen del material más que un disco, un artículo de opinión acertadamente elaborado en forma de canciones. Yo y ya suena más bien a una mezcla de rock en español en el que se incluyen artistas como Andrés Calmaro, Ariel Rot (Los Rodríguez), entre otros.

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Calos Palacio “Pala” Foto: Sindicato del Ocio

Tan solo dos años después el inquieto cantante, cocinero, cancionero, da a luz a El origen de las especias (2012), el cual se divide en dos volúmenes y en el que se da a conocer aún más maduro y centrado, la fineza de sus versos hace del disco un exquisito material para disfrutar y analizar profundamente; a esas alturas ha dejado detrás el rock para plantarse con una sonoridad mucho más sólida con toques de jazz y música andina colombiana; se deja ver más íntimo en un formato acústico y la rigurosidad de sus letras lo consolidan como un artista que supera etapas y mejora con el tiempo.

Su implacable perfección se da conocer con Maleviaje (2014), producido y grabado en Madrid, con el toque siempre exitoso de Carles Campi Campón, productor catalán; además cuenta con la participación del uruguayo Jorge Drexler en el tema “La deuda”, exponiendo la clara línea musical que los une no sólo en la música sino en la creación de poemas, actividad que caracteriza a ambos artistas. La séptima receta de sopa de letras, es un recorrido nostálgico, conciso, a ratos divertido y siempre acertado por el mundo y sus condiciones, el amor, la tecnología entre otros que, enmarcados bajo el sello del tango y la jerga argentina, proporcionan calidad sonora y estética a la ya madura discografía de Carlos Palacio.

Reivindicarse es una de las actividades favoritas del colombiano y es por eso que en 2016, saca a la luz su octavo trabajo sonoro llamado Alamar, que sabe a sal, la justa para sazonar la pasta de una buena sopa de letras; ya no suena a pop, ni a tango y el rock  se quedó guardado en el cajón, para poder pagar la deuda que tenía pendiente con Cuba, país donde realizó sus estudios musicales y que reconoce como un fuerte influyente en su creación literaria. La presencia de una orquesta caribeña le suma un logro más en su trayectoria: que sus letras sean bailables.

Caliente, profundo, salado, divertido, consciente, son sólo algunas de las palabras que pueden describir el, hasta ahora, último disco de Pala, un verdadero letrista de calidad.

Esbozando una sonrisa socarrona Carlos se da cuenta que sobre el mantel ha escrito otro soneto, una nueva canción, un verso más con las letras de una sopa que nunca terminará de comer, porque, como todo buen cocinero, disfruta más el proceso de elaboración que la misma degustación. Se limpia los dedos y saca la libreta para comenzar de nuevo; y esta historia continuará en forma de un nuevo disco, seguramente no muy lejano.

Gabriela Bravo (Irapuato, Gto. 1994). Lic. en comunicación, escritora independiente especializada en música y literatura.

Contacto: comunica94@hotmail.com

Twitter: @gababravo

Blog: letrasinquuietantes.blogspot.mx

 

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