En la sangre, ¿hasta dónde te llevará la pasión?

Por Manuel Hernández-Samperio

Mateo acaba de regresar a México después de estar una temporada en el extranjero tratando de comprender los cambios de su vida. A su regreso, el único momento en que se siente seguro al estar con otras personas es cuando convive con Tomás, su hermano (Juan Pablo Campa), y con Nadia, la novia del último (Camila Selser). Conforme se van conociendo, Mateo comienza a sentirse atraído por Nadia. Todo esto se queda en la cabeza de él como una fantasía, sin embargo, las cosas parecen tomar otro rumbo cuando Tomás se ve obligado a salir del país para intentar seguir con sus estudios.

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Si bien los triángulos amorosos se han llevado en diversas ocasiones a la pantalla grande, e incluso han sido un tema recurrente en las películas de amor, esta historia se centra en la clase media mexicana y refleja, a su vez, la forma en la que ésta  afronta ciertas circunstancias como el amor o el futuro.

El guión está muy bien estructurado en cuanto a los personajes y los diálogos, pues define acertadamente la forma de ser de cada uno, desde el macho posesivo hasta el “intelectual” introvertido, lo que en conjunto da verosimilitud a las situaciones. Ese mismo guión se encuentra plagado de referencias a André Bretón, específicamente a su libro Nadja, lo cual puede dividir opiniones, ya que por un lado parece que estas citas aportan a la cinta, aunque por momentos le dan cierto aire pretencioso.

De la mano del guión se encuentran las actuaciones; si bien ya se apuntó que cada uno de los personajes habla de acuerdo con su psicología, también es necesario mencionar que cada uno de los actores realiza un buen trabajo. Puede apuntarse que Pedro de Tavira, quien en muchas ocasiones se convierte en el espectador de la pareja, logra expresar la situación interna de su personaje a través de la mirada y la actitud callada. Juan Pablo Campa y Camila Selser también hacen un buen trabajo, complementándose entre sí.

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En la sangre, Jimena Montemayor, México, 2012, 83 minutos. ConPedro Tavira, Camila Selser y Juan Pablo Campa.

El filme propone un ritmo lento, a base de encuadres largos en donde no se da mayor información, sólo se puede ver a alguien que llega a una casa nueva acompañado de su amigo (nos damos cuenta de que es su hermano tiempo después) que buscará una beca en el extranjero, y se habla de Nadia de forma casi sugerida. No es sino hasta que el protagonista se confiesa, cuando el filme comienza a tomar camino hacia un drama que refleja diferentes etapas de las relaciones, tanto de las que concluyen como de las que inician.

La fotografía es un elemento que aporta bastante, por momentos da la impresión de que se iluminó con lo mínimo, pero es esta característica la que da cierto toque de intimidad a la cinta. Otra muestra del buen manejo de la luz se encuentra en las escenas que se desarrollan en la calle o en las fiestas a las que asisten los personajes, todo el tiempo se nota una intención un tanto lúgubre que va cambiando conforme la relación entre Nadia y Tomás parece tambalearse. Esto se apoya en buena medida en movimientos de cámara y efectos como la ralentización de las imágenes o a la experimentación con la misma, por ejemplo en la utilización de espejos en espacios cortos para mostrar un espectro mayor de lo que hay a cuadro.

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La música es otro acierto, si bien hay momentos en que da la sensación de que se exagera en su uso, en general se puede apuntar que no cansa ni harta, fluctúa mucho entre la diegética y extradiegética, es decir, la que emana de las acciones y la que se utiliza para acompañarlas respectivamente, y es un plus que uno de los personajes tenga la capacidad de crear.

La película refleja a una clase media que se muestra un tanto apática, que tiene problemas para decidir lo que va a hacer con su futuro y prefiere ver pasar la vida mientras lee apaciblemente desde una bañera; esto parece reflejarse también en las relaciones en donde parece que tampoco logra establecer un compromiso y se ve la facilidad para entrar y salir de ellas.

En la sangre, hay que decirlo, no es una película que aporte nada nuevo, desde el momento en que retoma los triángulos amorosos como temática principal es difícil que lo haga, sin embargo, más allá del fondo, la película tiene mucha fuerza en la forma; es la manera en que se cuenta donde puede resultar interesante, y el final, si bien es acorde a lo que había planteado ya, desconcierta bastante.

Puedes leer la nota en CinemAlternativo.

Manuel Hernández-Samperio, “Costas” (México, D. F., 1989). Licenciado en Ciencias de la comunicación por la UNAM. Ha incursionado en la crítica cinematográfica, la creación literaria, producción de proyectos audiovisuales y algunos programas de radio como CinemAlternativo o Rock N Books. Amante de la cultura mexicana y latinoamericana, el cine, las letras y el rock en español.

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