La música y los casetes

Por Monserrat Lemus Rodríguez

Recuerdo que de niña y adolescente mi padre escondía los casetes de la música que no le gustaba que escuchara. Cuando crecí, hice lo mismo con mi hermano menor. La razón es simple, ni a mi padre le gustaba la música que yo oía, ni a mí la monstruosidad musical que mi pequeño hermano comenzaba a escuchar. Pero ¿por qué lo hacíamos? Creo que tiene que ver con el hecho de que la música es una gran formadora de mentes, de personalidades, y con que es justo en la adolescencia cuando comenzamos a adquirir gustos “propios”. Uso las comillas porque la música nunca es propia, siempre se comparte, nos conecta con aquellos que se interesan por lo mismo.

¿Por qué inicio esta reseña con ese recuerdo? Porque Los peinados de los malditos, de Joe Meno, me llevó a los años noventa, cuando aún se podía escuchar la música en casete, grabar desde uno a otro o desde la radio a un casete, la música de las bandas que te encantaban. Grabar era toda una aventura: si no “agarrabas” la canción al inicio, tu copia salía mocha; si no cortabas la canción de la radio antes de que comenzara a hablar el locutor del programa o de que pasaran el comercial, tu preciada cinta tendría más que la música que querías escuchar.

¿Y qué tienen que ver la música y los casetes con Los peinados de los malditos?  Gretchen y Brian, dos adolescentes inadaptados, parecen tener la técnica del grabado de casetes bastante dominada. Se la pasan grabando cintas para expresarse, para decir aquello que no pueden decir. El medio es la música, pero no cualquier música: el punk y el rock, los otros dos protagonistas de la historia: Sex Pistols, Black Sabbath, Metallica, The Smiths, Misfits, AC/DC… acompañan a estos dos adolescentes en su formación musical, en el descubrimiento de sus sentimientos y de la sexualidad. En una de las páginas dice Gretchen a Brian, cuando él graba un disco para declarar su amor: “El punto es mostrarle que eres chido, no que seas un pinche quejumbroso. Así será como un secreto que te gusta”.

La música no es simple entretenimiento para estos dos jóvenes, es una manera de hablarle al mundo, de decirle que están enojados, confundidos, tristes, perdidos, enamorados. Es también una muestra del paso del tiempo y de los cambios que suceden a los adolescentes en su andar por el mundo.

Por medio de la música y de los casetes se descubren un Brian y una Gretchen cambiantes según el paso del tiempo. Descubren su cuerpo, sus deseos, sus pasiones, su sexualidad y fracasos acompañados uno del otro y del soundtrack personal compilado en una variedad de grabaciones.

Todos, al igual que Gretchen y Brian tenemos una lista de canciones que acompaña nuestra vida, y Los peinados de los malditos, nos recuerda cuál es el que escuchábamos en los tiempos de la adolescencia.

“estaba llorando, de veras llorando, meneaba su cabeza cuando se sentó en el cobertizo trasero de la casa de Laura, con las rodillas en el pecho, fumando, y llorando, de veras llorando, y, bueno, justo ahí decidí que iba a sentarme junto a ella y decirle que lo sentía ―por ella, por todo―, y entonces estaría listo para lo que después de eso pudiera suceder”.

Los peinados de los malditos de Joe Meno, Ediciones Arlequín.
Los peinados de los malditos de Joe Meno, Ediciones Arlequín.

Monserrat Andrea Lemus Rodríguez (Tlalnepantla, Estado de México, 1985). Colaboró en el proyecto de periodismo comunitario El coyote itinerante, en 2004 y 2005.

Correo: medea_andrea@hotmail.com

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