Tránsfuga: “conocer el lenguaje de las aves”

Por Israel Sandoval

¿seré para siempre una mendiga iluminada?

Jocelyn Pantoja

Tenía unos doce años la primera vez que pensé en la fuga como una posibilidad. La autoalienación es un fantasma que desde entonces me habita. Claro que en ese momento para mí la fuga significaba irme de casa, lejos de los problemas idiotas de la vida adolescente, de mi familia, de los deberes sencillos que se le pueden confiar a un pendejo. Entonces no tenía una razón clara para esos desplantes. No era hijo ni hermano de un golpeador, no llevaba una vida en un infierno, ni siquiera se podría decir que tuviera la mala fortuna del puberto despreciado por los de su edad, que no goza de las miradas cómplices de algunas niñas o que sufre el maltrato cotidiano de sus compañeros en la escuela, cosa que no era nada rara en las instituciones públicas en las que estudié.

Mi deseo de no ser crecía y aumentaba con la edad; una cosa muy extraña de sentir para una persona ególatra. Sólo mucho tiempo después he  comprendido lo que me sucede y hoy en esta lectura lo confirmo. Tránsfuga me ha revelado una parte de mí mismo de una manera nueva, poniéndome en los sentidos de la autora, como ya lo habían hecho algunos otros textos, por ejemplo el Altazor de Vicente Huidobro, las canciones de Blake o los poemas de Teresa de Ávila, textos todos que me han puesto al borde del abismo cuando me he topado con ellos por fortuna o, quizás, por desgracia, eso a veces es imposible de decir.

Cuando uno es capaz de sospechar, de ser incrédulo ante las pruebas fehacientes que su tacto o cualquier otro de sus sentidos le ofrece; cuando es capaz de cuestionarse como al más desconocido de los extranjeros, no porque lo desee, sino porque realmente se siente ajeno de sí mismo, está en el momento de la “transfuga”, de la fuga delimitada por ese prefijo trans, que la propone no como el escape físico, natural, sino como el autoalejamiento, la búsqueda de perspectiva que lo dote de claridad, que lo transforme, que sea capaz de transmitir partes de la realidad al espíritu y visceversa. “Concentro mi mente/ un momento para escuchar la/ música de ese que fue nuestro siglo”. A través del ritmo poético y de una serie de voces ajenas a la voz de la poeta, Pantoja logra concretar esa distancia.

La “transfuga” es el viaje interior que nos permite generar juicios, muchas veces intuitivos sobre nosotros y “los otros” dentro de nosotros. Es una manera de autoconocimiento que nos lleva a una transmutación, a figurarnos de una manera invertida (transfigurarnos), libres de nuestra propia moral y de nuestras propias opiniones, aun libres de nuestro estado físico. Libres.

La crisis es el estado natural del sujeto en “transfuga”, por eso el “tránsfugo” vive en un estado de desequilibrio interior que le permite desarrollar la visión del poeta, esa manera especial y exclusiva de ver las cosas a través de la que “puede decirnos el sentido de la realidad […] puede darnos el sentido del tiempo” como afirma Ramón Xirau. Dice Jocelyn Pantoja: “La guía [que] permanecerá en el secreto de las claves de las pequeñas cosas, en sus símbolos ocultos que sólo la locura descifra a tiempo”. La guía que nos conduce a través del vuelo en el abismo, de la caída libre interminable que nos supone introvertirnos y reconocernos como nadie, como el ser indeterminado que nos habita y no podemos reconocer, pero que nos permite remontar el vuelo de manera interior, conectarnos con la sinfonía del universo, “conocer el lenguaje de las aves”, el lenguaje del yo desconocido que encontramos al establecer un puente entre él y nuestro yo cotidiano, que desembocará en un terrible choque y probablemente terminará con el segundo en una crisis regenerativa, constructiva.

Existen muchos tipos de “tránsfugos”, que pueden ir desde los transexuales, los transtornados, los místicos o los innovadores, todo depende de si al actuar se han puesto en crisis a sí mismos, de si pasan por la destrucción de sí mismos o de su cotidiano para crear. Todos hacen un viaje al interior.

Jocelyn Pantoja nos entrega la objetivación de su propio itinerario espiritual. Tránsfuga resulta un libro de plena crisis. En él se cuestiona la voz poética, la forma del poema, y a la poeta en sí, al optar por la pluralidad de formas, por la variedad de las voces y por el autocuestionamiento. Es una invitación para los mendigos iluminados, los que van errantes de manera constante en busca de la libertad y de sí mismos.

Proyecto Literal apuesta por el texto de su directora y la integra a su colección Instante Fecundo, una aventura que está destinada a cuestionar, también, la noción de poeta en el ambiente cultural mexicano y que pregunta: ¿Qué es un “poeta joven” cuando ya no es un joven poeta?

Liebre de fuego  invita a la presentación  que se realizará el sábado 21 de mayo en la librería Marabunta (Miguel Ángel de Quevedo 485c, Delegación Coyoacán) a las 18:30 horas.

Tránsfuga, Jocelyn Pantoja, México, Proyecto Literal, 2016.
Tránsfuga, Jocelyn Pantoja, México, Proyecto Literal, 2016.

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