#24A: Contra las violencias machistas

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Texto y fotos por Brenda Pichardo Hernández

#24A. Acudir a la marcha fue un proceso de sanación para mí, para muchas; de romper el silencio, todas en conjunto, acompañándonos. Pero también de reivindicación de una lucha que había permanecido como un fantasma: la que se libra contra las violencias machistas. Debo confesar que días antes de la convocatoria para la marcha, un sentimiento de nostalgia me quebró: cuestionaba los alcances de salir a marchar, recordaba los abusos que había vivido y la impunidad que los rodea; sobre todo, las respuestas que recibía cuando platicaba con algunas personas sobre la violencia de género: “No va a cambiar, esto va a seguir así”.

Nada va a cambiar, me dije. Entonces ocurrió un segundo punto de quiebre: ‪#‎MiPrimerAcoso‬ reveló lo que miles veníamos guardando en un silencio lleno de culpa e incertidumbre, de dolor e incluso de vergüenza porque “algo hicimos mal”.  Lo que antes fue “normal” y había permanecido como un fantasma oculto en los más recónditos recuerdos de nuestra infancia, salió a la luz no como tormento, sino como liberación, como reivindicación de una lucha que habíamos olvidado: la de nuestras cuerpas acosadas, violadas, muertas, invisibles, cuerpas que se hicieron presentes. Nuestras cuerpas como un campo de batalla en el espacio público, evidenciando la violencia machista presente desde el hogar, ahí donde nos decían que estaríamos seguras, y también en la calle o en el transporte público; en la familia, con pederastas o acosadores.

No pude ver la magnitud de la violencia machista hasta leer varios tuits y estados de Facebook, donde se relataba el primer acoso sufrido. El duelo colectivo hizo que nuestros relatos rompieran con la normalidad.

No, el abuso, la violación, el acoso, no son normales: son muestra del estado patriarcal en el que vivimos y en el que la misoginia es asunto de todos los días: desde cómo se usan las palabras “pareces mujer” para ofender, hasta salir del metro con semen embarrado en la ropa o algo tan grave como que seis feminicidios ocurran a diario, como algo cotidiano. Todo eso es violencia de género. Así es como decidí salir a marchar, después de hacernos compañía al escribir, leer, romper el silencio y denunciar públicamente, a nivel nacional, la violencia machista.

Domingo 24 de abril, 2016

El punto de salida fue Ecatepec, que durante los últimos años ha sido la capital de los feminicidios, “el peor lugar para ser mujer en todo México”:

“El Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio  dice que se han cometido 1.003 feminicidios en todo el estado, que comprende 125 municipios, entre 2012 y 2015, y 183 de ellos ocurrieron en Ecatepec.”*

Las colectivas avanzaron desde San Cristóbal Ecatepec en caravana, por la vía José María Morelos, hasta el metrobús Indios Verdes en la Ciudad de México, para llegar al Monumento a la Revolución, donde la marcha dio inicio con rumbo hacia la Victoria Alada.

En un ambiente de sororidad,  las agresiones sexuales contra mujeres fueron el punto de quiebre contra el silencio y el punto de unión para salir a marchar y gritar: ¡#VivasNosQueremos!

Las consignas de los carteles iban desde “No a la Violencia Doméstica Contra las Mujeres”, “Si Tocas Una Respondemos Todas”, “No Más Abusos”, “No Más Violencia Contra la Mujer”, hasta “Ni Una Menos”, “Ni Una Más”, “No Más Violencia Machista”, “No Más Feminicidios”. Niñas, señoras, adolescentes, jóvenes: todas las edades se hicieron presentes en la marcha.

De la congoja de sentirnos solas en este mundo patriarcal, pasamos a articular un #‎NoEstamosSolas‬ colectivo; fuertes, alegres, unidas. Alzamos la voz, sonreímos, levantamos el puño, marchamos seguras de que algo iba a cambiar desde ese día, sin tener la certeza de qué.

El tercer punto de quiebre sucedió el día de la marcha: justo al pasar a un lado del antimonumento a los 43 desaparecidos de Ayotzinapa; se detuvieron algunas, no pude ver por qué, mis compañeras y yo decidimos no dar importancia y seguir avanzando. Ninguna agresión entre nosotras, que íbamos marchando en las colectivas no mixtas; gritábamos “Fuera Hombres” cuando alguno se acercaba. Tengo que agregar que vi cómo algunos que se aproximaban al contingente miraban con lascivia o desaprobación a las compañeras que marchaban en sostén o con los pechos desnudos, además, hacían caso omiso de que no se trataba de un espacio mixto y de que sí podían integrarse a colectivos mixtos, que venían atrás, como se había indicado antes de iniciar la marcha a través de un megáfono; y luego se iban molestos. Que no se hiciera caso al #‎NoEsNo‬ en una marcha contra las violencias machistas, sólo evidenció que por eso fue necesario hacer colectivas no mixtas como espacio de protesta.

Me di cuenta de lo que había ocurrido en el antimonumento a los 43 hasta que regresé a mi casa y leí el post en Facebook de un compañero: “Feminismo pendejo” y la nota sobre la pinta que hicieron las compañeras; al respecto, como no presencié el acto, y después de leer varias notas y posicionamientos, me limito a citar un fragmento del artículo que publicó Tercera Vía:

«Sin embargo, y esto es crucial, en esta ocasión el monumento no se intervino como se ha dicho. De acuerdo con lo que algunas relatan, una compañera intentaba pintar en él un “Vivas nos queremos”, pero fue interrumpida por un hombre que le gritó “Por eso no las respetan”. Ante lo anterior, otra asistente hizo una pinta en el suelo delante del monumento, pero no encima de él. Esta pinta adquiere un sentido radicalmente distinto cuando la leemos completa y no sólo como ha sido difundida: no sólo “Nosotras no somos Ayotzinapa” (o inclusive “Nosotros no somos Ayotzinapa”), sino “NosotrAs no somos Ayotzinapa para ustedes sólo somos un número. Ni una menos.” Una lectura: “Ayotzinapa no es un número: nosotras para ustedes sí”. No se trata del desprestigio de una causa, ni de señalar a Ayotzinapa como una lucha machista. Se trata de mostrar que lo machista es no protestar y no buscar con ese mismo ahínco a las mujeres desaparecidas.

«La compañera Quetzalli resume algo que ya se ha dicho alrededor de “nosotras no somos Ayotzinapa”: “no es porque no seamos solidarias, porque no nos duelan, porque no sintamos rabia. Es que nuestras muertes, las de nosotras, parecen no contar, no figurar en la historia, no ser motivo de indignación colectiva”. Es innegable que muchas mujeres arriesgan el cuerpo para las causas generales, pero las causas generales no suelen poner el cuerpo para las causas de género, de las mujeres».*

No lo cito con fines tendenciosos, sino para poner en perspectiva el debate que ese acto evidencia por sí mismo: la separación que existe entre un «nosotros» y «nosotras» como una lucha por el espacio en la historia, una historia atiborrada de sangres, desapariciones, muertes e impunidad.

Leer el posicionamiento de Guerrilla Comunicacional México sobre la pinta y la manera en que lo expuso al estilo Televisa diciendo cómo debía ser el feminismo porque “no somos conscientes políticamente”, me hizo reflexionar sobre el sesgo que todavía impera sobre las brechas de género y su necesario análisis, porque seguir ignorando el tema no nos vuelve conscientes de las vidas que hay de por medio a causa del sexismo y de las violencias machistas, para poder formular vías que ayuden a que nuestras vidas sean libres, a transitar sin el temor que implica ser violentadas.

El problema no es si somos o no somos Ayotzinapa: va más allá de Ser o No Ser. El problema es no darnos cuenta de que se trata de algo interseccional: la tríada que no hemos puesto en perspectiva es sexismo-clasismo-racismo. Entonces por ahora me limito a decir que el acto de hacer la pinta #VivasNosQueremos frente al antimonumento a los 43 nos hace ver que vivimos en el dolor de nuestrxs desaparecidxs, que estamos en un punto de quiebre en el que es necesario repensar el feminismo, de recordar lo que dijo Simone de Beauvoir: “El feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente”, repensar nuestro lugar en la historia, una historia marcada en este siglo por la desaparición forzada de las 400 de Ecatepec, de los 43 de Ayotzinapa.

No nos quedemos en la disputa trivial de quién no apoya a quien, veamos la realidad: nos están desapareciendo, matando. En lugar de injuriarnos, tomemos este punto de quiebre para pensar en lo que viene, pues de lo que estoy segura es que la violencia machista ya no es “normal”, no es un fantasma, es algo que ya existía y que empezó a ser visible desde el ‪#‎24A‬. Y esa era la prioridad de la marcha: saber que #‎NoEstamosSolas‬ y que no podemos sumirnos en la depresión; que mientras discutimos nos siguen desapareciendo, acosando, violentando, asesinando.

Que la #‎PrimaveraVioleta‬ continúe al sabernos en sororidad, fuertes, alegres.

Más fuertes que ayer.

Más unidas.

Porque la marcha nos hizo conscientes cuando gritamos al unísono por nuestras vidas.

Estamos escribiendo nuestra propia historia porque:

#VivasNosQueremos.

‪#‎VivasYLibres‬.

1*Ecatepec: cómo es vivir en el peor lugar para ser mujer de todo México”, BBC.

2*Flores sobre las piedras: sobre símbolos y fierros, cuerpos y consignas”, Tercera Vía.

Brenda Pichardo (Ciudad de México, 1989). Feminista, Comunicóloga por la UNAM, pepenadora de letras, escribidora, mochilera, amante de los gatos; correr y ver películas es mi ocio.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. raquel vallejos dice:

    un tema k me resulta muy humano pork me llega muy hondamente soy monitora en este tema y lo hago del corazon por k tanbien sufri violencia y es por eso k trato de k ninguna mujer sufra este fragelo

    Me gusta

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