Enésimo viaje al infierno

Por Daniel Silva

En la producción novelística reciente abundan los relatos que pretenden analizar y ayudar a entender nuestro presente inmediato. Novelas que van de lo regional a lo citadino; del norte (que son mayoría) al sur; del narco a la corrupción. En este último rubro se inscribe Hacer el bien tiene muchas caras, la obra más reciente de Fernando Rivera Flores para Ediciones Felou.

En Pachuca se llevan a cabo tres secuestros. Las víctimas son las hijas y nieta de los hombres más ricos del estado: un ex gobernador, un empresario y un burócrata con altas influencias. A raíz de este suceso, la procuraduría municipal contrata los servicios de Damián Corona, un experto en secuestros con un currículum intachable, para que resuelva el caso. Su colega en esta ardua labor es Celia Alba, una abogada. Ambos personajes, cuyos objetivos son resolver el caso y desentrañar las abundantes corruptelas en la vida política y empresarial del estado, van siendo arrastrados por sus impulsos y terminan forjando su propia historia que, tal como reza el subtítulo, es, “pese a todo, una novela de amor”.

Tres partes de las seis que constituyen la novela describen el trayecto que recorren las familias afectadas para enriquecerse a expensas de otros, ya sea con negocios turbios o al ocupar cargos públicos importantes dentro del marco de una tradición priísta (“El que no tranza, no avanza”) que a largo plazo les beneficiará (¿será cierto?). Sus familiares, no obstante, serán el blanco perfecto de un plan que los despojará de una parte considerable de su fortuna amasada de manera “intachable”, la que entregarán con tal de evitar una tragedia, mas no el escándalo de la sociedad hidalguense.

Las otras tres describen cada paso del operativo de rescate. Cada pista, cada historia vinculada al poder puede ser de vital importancia en la motivación criminal… Todo, aderezado con el “amor prohibido” entre el experto ―quien tiene una gran semejanza con Pedro Infante― y la abogada exitosa, madre de un pequeño y esposa de un mediocre abogado.

El autor muestra un amplio conocimiento del medio policial, político y de la región en donde se desarrolla la historia. Sin embargo, el enfoque narrativo ―omnisciente― prohíbe al lector sumergirse en la trama, indagar en el misterio o incluso repudiar o amar a los personajes. No hay más autoridad que el narrador. Y ése es el conflicto que roba cámara a la novela.

Las “biografías” de “poderosos” son recortadas con la misma tijera, sin un guiño que las enriquezca y distinga. Salvo dos o tres historias ―las “escritas” por los cabezas de familia―, el resto, más que contribuir, diluye la tensión de la obra y esta llega a un punto en el que no se sabe si estamos ante una ficción o una investigación enmascarada. De igual forma hay estampas regionales que no se incorporan a la historia, sino por escasos momentos.

Los protagonistas se hermanan por su carencia de conflicto interno, sino es que de psicología propia. Por más que el narrador insiste en el amor de Celia y Damián, éste no se percibe ni en sus confrontaciones ni en sus diálogos matizados por el lugar común y la simpleza. Lo mismo sucede con las víctimas, quienes se presentan como dos mujeres que cenan en el Hilton de Reforma, cuando lo que debería de mostrarse es su calvario. La autoridad del narrador es tan rígida que hasta él mismo pierde el sentido de lo que cuenta.

Sin embargo, un viaje a los infiernos no es sinónimo de comodidad. Dentro de las historias que conforman Hacer el bien tiene muchas caras, existen baches que nos obligan a despertar ante el mal que nos aqueja. No hay mordacidad, pero sí sacudidas cuyo objetivo es ayudarnos a mantener los ojos abiertos, a romper con ese orden establecido por la política y desafiarlo. El cómo ya es tarea del lector, quien no llega inmune al destino que Rivera Flores traza en su novela.

Hacer el bien tiene muchas caras, Fernando Rivera Flores, México, Ediciones Felou, 2015. 284 pp.

Hacer el bien tiene muchas caras de Fernando Rivera Flores, Ediciones Felou.
Hacer el bien tiene muchas caras de Fernando Rivera Flores, Ediciones Felou.

Daniel Silva (México, D.F., 1989). Egresado de la carrera de Literatura y Creación Literaria del Centro de Cultura Casa Lamm. Odio las películas de Marvel y amo a más no poder los melodramas mexicanos, como los del Indio Fernández; también la obra de Almodóvar.

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