Sin voz ni lugar: estamos muertos

Cuerpos de trapo, Felou
Cuerpos de trapo de Liliana Villegas Bonillas, Felou

Por Israel Sandoval

Caímos en el Limbo. Estamos muertos. Nadie ha sobrevivido. Las horas parecen no avanzar y no queda espacio para nadie. Toda posibilidad de escape se derrumba frente a nosotros en estas páginas. Cada oración es una sentencia. Cada palabra, un grillete que rodea nuestras extremidades.

“Guardiana del tiempo”, el libro se abre con esa frase reconciliadora, engañosa. Cuerpos de trapo es una recopilación de veintiún cuentos que giran en torno a la muerte o a aquellos momentos de la vida en los que nos sentimos muertos, de todo lo que gira alrededor del único hecho comprobado como inevitable. No trata precisamente sobre el deceso, sino sobre los dejos y restos que quedan cuando partimos al inframundo de manera física o simbólica.

Liliana Villegas Bonilla ha logrado construir un mundo único, desolador, y al mismo tiempo tan parecido al nuestro. Leerla nos obliga a habitarlo. Sentimos a cada personaje como un interlocutor, nos llenamos de la empatía más pura; sus pasiones nos afectan tanto como lo harían las de un familiar cercano. Nos sentimos al mismo tiempo inmersos y extraños dentro del universo que se extiende a lo largo del volumen.

Ese extrañamiento es tal que nos hace cuestionarnos sobre si nuestra posición es la de los muertos, los que han quedado sin voz y sin lugar, pero que son el motor de las acciones del libro, la razón de cada uno de los dramas que conforman las historias. Y en ningún instante nos da tregua la autora; la sensación aumenta con cada giro inesperado. La sorpresa es una de sus armas más poderosas. Lo real maravilloso y los finales inesperados nos enganchan hasta dejarnos anonadados; por momentos sentimos angustia o terror; en ocasiones tristeza, nostalgia y melancolía; pero en todo momento desconcierto ante la creatividad y la capacidad poética de su lenguaje.

Estas son algunas palabras del protagonista de “El valle de San Martín”, el cuarto relato del volumen, “Volteé por última vez hacia el valle sin saber qué era exactamente lo que buscaba y regresé la vista cuando escuché la voz del hombre que me decía que no mirará atrás. Subí y los caballos iniciaron el viaje. Sentí una opresión en el pecho. Yo era libre de quedarme ahí los días que fueran. Libre de quedarme así toda la vida. Contuve las ganas. La ansiedad arrancó gotas de sudor de mi cuerpo”. Esa es la sensación que queda en el lector tras la lectura: si mira hacia atrás, quedará atrapado en el mundo de los muertos, no podrá contener las ganas de releer.

Ediciones Felou ha apostado por esta opera prima. Las liebres también lo hacemos y la recomendamos, ya es parte de la Liebreteca. Cuerpos de trapo se erige como un homenaje a todos los muertos de nuestras vidas y a todas las tristezas que sus partidas han dejado en nosotros.

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