Perder el miedo al recuerdo

Por Daniel Silva B.

“Recordar es recomenzar. Re-co-men-zar”.

Bajo esta premisa se presenta Memoria: combinación de sonidos y silencios, obra que forma parte del ciclo “Ópera prima” que se presenta en el foro La gruta del Centro Cultural Helénico.

Memoria es una propuesta del grupo teatral Territorio común, conformado por los actores Tamizamy Ayala, Mario Alberto Moreno, Omar Felgueres, la productora Marbel Huautla y la directora Hebzoariba Hernández, autores de esta puesta en escena.

Tres personas evocan un recuerdo de sus infancias ─el temor a los padres y un desafío mal tramado a su autoridad, un diagnóstico de locura que afecta a una niña y un niño que descubre la música y hace de ésta su pasión─, el punto de partida de una cadena de temores que los acechan, en apariencia, y lo harán por el resto de sus días. Conforme pasa el tiempo, cada personaje va deshilando traumas que les presentan dos alternativas: se conforman o los toman como una experiencia que debe transformarse para continuar el tránsito en la vida.

El tema de la “superación” es muy difícil de representar en estos tiempos en los que la gente busca, o aparenta buscar, cómo resolver sus problemas utilizando soluciones momentáneas como los libros de autoayuda o, en el peor de los casos, programas unitarios. Memoria pretende, si no romper, cuando menos sembrar en su público la reflexión.

Cuando uno dialoga con un agobiante pasado prefiere, ante todo, la soledad. Esta obra aboga por el diálogo colectivo. Los tres protagonistas, emulando quizá al Decamerón, se encierran a relatar sus historias, las de una generación ─los nacidos entre finales de los ochenta y principios de los noventa (millenials)─, que se manifiestan de distinta forma, pero son solidarias en temores y dolores.

El recuerdo no se relaciona con la “bella” nostalgia. Su función es más activa que pasiva. No es un látigo ni un castigo autoimpuesto, es, sobre todo, un aliado para el crecimiento de cada personaje que, poco a poco, desea emerger a la vida, no sin antes conciliarse con el pasado y asumirlo sin vergüenza.

Para dar autenticidad a la obra, los actores no crean personajes ficticios. Ellos mismos son protagonistas. Así mismo explotan la herramienta estrella que guarda y manifiesta toda una gama de emociones: su cuerpo. La escasez de elementos es aprovechada para su libre desplazamiento que, a través de movimientos tales como maromas y saltos, expresan su postura ante la vida: desorientación, quietud, agitación, arrinconamiento. También los actores “imitan” a sus verdugos ―sus padres, su psiquiatra o el molesto hermano con una fisonomía perfecta, si no es que narcisista y envidiada. Por otro lado, los sonidos, ineludibles acompañantes de la memoria, los emiten desde un violín hasta la voz que aúlla, grita, anuncia catástrofes, pero también deja dulces recuerdos como el sonido de una caracola marina.

Otro elemento que contribuye al desarrollo de la obra es la breve dimensión del escenario. Desde su ingreso al foro, el espectador se cobija en los escasos recursos de los que el cuerpo actoral se vale: repisas de madera, una mesa y el objeto protagonista: el hilo, que se tensa, se afloja, se entrelaza, mas nunca se rompe. En la punta de cada hilo los actores-personajes llevan un tabique en forma de casa, que representa una atadura ─el hogar─, una carga de la cual desean huir sin darse cuenta, hasta el final, de que su origen se encuentra allí y que en lugar de escapar hay que reconstruirlo.

La iluminación es otro factor que no deja inmune a los protagonistas. Ésta contribuye al reflejo de los sentimientos de la memoria. Los colores, así como la oscuridad, oscilan para que los actores se envuelvan o reflejen en ellos y los vuelven sus aliados.  

Memoria: combinación de sonidos y silencios es una obra que no dejará indiferente a quien la presencie. No se trata de un espectáculo de entretenimiento, sino de una conexión entre lo visto y lo vivido. Los jóvenes hallarán un reflejo de su presente, mientras  que los adultos –o los que sean padres– serán testigos de aquello que sus hijos callan, ya sea por respeto o miedo. Hace un llamado a la conciliación de ambas partes.

Cartel Memoria: combinación de sonidos y silencios
Cartel Memoria: combinación de sonidos y silencios

Daniel Silva B. (México, D.F., 1989). Egresé de la carrera de Creación Literaria del Centro de Cultura Casa Lamm. Odio las películas de Marvel y adoro los melodramas mexicanos. La literatura es mi pasión desde mi encuentro con ella en la preparatoria. No hablo de influencias para no olvidar a algún autor.

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