Música y coexistencia de Osseily Hanna

Por Monserrat Lemus

La música se compone sólo de vibraciones que pasan de un corazón a otro.

Osseily Hanna

Los humanos somos animales cambiantes, viajeros, nómadas. Nos desplazamos física y espiritualmente de diversas maneras, la Música, así, con mayúscula, ha sido, por siglos, uno de los medios a través del cual el ser humano se ha desplazado. Desde los ritos primigenios de adoración a la Tierra, los cantos posteriores a las deidades infinitas, hasta nuestros días, la música y el hombre han tenido un vínculo que va más allá del entretenimiento y las canciones vacías, ésta nos ha permitido superar nuestra corporalidad, nos contacta con esa otredad que somos, con las raíces culturales que aún se conservan en ciertas zonas. Pero también, la música, más allá de lo ritual o espiritual, nos ha permitido expresar nuestros sentires.

En Música y coexistencia, el músico londinense Osseily Hanna nos lleva a conocer, por medio de un viaje, que no sólo nos descubre las músicas que se componen en diversas latitudes del planeta (el lector tendrá oportunidad de completar esta idea del viaje), a diversas culturas a través de sus expresiones artísticas. El itinerario es diverso: Sudáfrica, Turquía, Oaxaca, Irlanda, Ruanda, Camboya, por mencionar algunos lugares. También es variado por las culturas, las zonas y sobre todo por la función que la música tiene en ellas: en Turquía borra las barreras culturales del lenguaje y las diferencias entre pueblos; en Tanzania sirve a los albinos que sufren el rechazo, incluso la muerte, como medio de expresión y de liberación de emociones; en Kosovo rompe las barreras del espacio, pues la música se crea incluso si los músicos están a kilómetros de distancia; en Ruanda la música ha servido para unificar una nación  después de un pasado trágico, pero también se ha usado para apoyar a quienes viven con VIH.

El viaje prosigue, Osseily va, regresa, cruza puentes, los crea, conoce gente y nuevas músicas, y con ello enriquece no sólo su conocimiento musical, sino también su espíritu y su cultura personal.  Cada viaje, persona o melodía deja “algo” en el músico.

“Será posible transportar a otras sociedades, que no se encuentran en un conflicto evidente, las experiencias de los músicos presentados en este libro… Debido a que la composición y la ejecución musical son actos amorales, que no tienen que ver con cuestiones semánticas, ofrecen una posibilidad de igualdad. Se trata únicamente de sentimientos. La música se compone sólo de vibraciones que pasan de un corazón a otro.”

La música es amoral, dice Osseily, por ello no tiene fronteras ni límites; por lo mismo, su proyecto y su libro funcionan como un puente entre diversas culturas musicales, al que es posible cruzar para conocer no sólo las expresiones de otros pueblos, sino también sus sentimientos, sus historias y quizá nos sea posible entrever sus futuros.

Leer Música y coexistencia es una experiencia grata, supera el proyecto musical que el autor se planteó en un inicio, pues más que conocer una música, el lector se acerca a la cultura y al corazón de los artistas.

Música y coexistencia de Osseily Hanna
Música y coexistencia de Osseily Hanna, La Cifra editorial.

Monserrat Andrea Lemus Rodríguez (Tlalnepantla, Estado de México, 1985). Colaboró en el proyecto de periodismo comunitario El coyote itinerante, en 2004 y 2005.

Correo: medea_andrea@hotmail.com

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