El Código Konami y los trucos de la vida

Por Omar Serrano

Entre todas las artes, hay una cuya lectura transporta al espectador a los lugares más remotos, lo embadurna de ritmo, de cadencia y lo proyecta hacia universos que están allí inmóviles en apariencia, pero que al ser pronunciados o por las secuencias de palabras correctas comienzan a funcionar, a vivir, a respirar. Te toma de la mano para llevarte frente a un espejo donde lo único que se halla es tu esencia. No por nada los antiguos la llamaban Ars Magna: la poesía.

Al leer Código Konami de Eduardo de Gortari uno puede captar su desapego al canon. Al principio habla de Doctor House, luego del vicodin, para luego pasar a la informática, códigos y software.

El manejo del lenguaje es meticuloso, pero no forzado, algo que es inherente a los verdaderos maestros de la palabra. Sólo así se puede equiparar la vida con un juego de video que fue popular a mediados de los ochenta; el nacimiento, desde su particular visión incubada en los años de la revolución tecnológica, es como cargar el software de una computadora, una carga que dura nueve meses:

Nueve meses para cargar el programa// sistema operativo// parto:

Partimos sin instrucciones/ partimos sin nadie/ sin nadie nos

Vamos

Partimos la madre en cada sesión : fallas en el sistema: actualizaciones…”*

Así cada día es una nueva partida de madre, donde nos esforzamos por sobrevivir; por obtener el bono en el transcurso de este juego-vida conocemos personas, vivimos aventuras, pero en una de ellas sólo existen, al final, las palabras game over, y nunca surge la opción de reinicio. Pensado así, suena terrible.

Sólo un maestro de la palabra nos lleva a ver un problema existencial en la destrucción del espejo lateral de su auto. Es claro que no habla solamente del hecho de que algún conductor le reventó su espejo: nos demuestra la impotencia de estar enamorado sin ser correspondido.

“Me reventaron un espejo
Mi espejo lateral se fue con el viento

No importa lo que digan las canciones

No importa si dices

Que no te importa

¿El alma// si existe// es como un vidrio?”*

La poesía de Eduardo de Gortari es desenfadada, sincera, no pretende gustar, sólo expresar. Únicamente dentro de este contexto se logra comprender las fascinantes metáforas que elabora el poeta, quién es un mero instrumento de su expresión y del sentimiento en su estado más puro.

La capacidad de ver esto en aquello, de mezclar perfectamente palabras cultas con algunas vulgares resulta algo tan natural en este Códgio Konami, cuyo título precisamente invita a pensar nuestro mundo como un videojuego, donde hay trucos, trampas y desde luego game over.

Así lo plantea De Gortari cuando se pregunta magistralmente si el primer videojuego lo vieron nuestros ancestros en el manto estelar mientras dormían cobijados por las estrellas (un cielo de ocho bits).

La manera en que amalgama tan poéticamente el lenguaje computacional con la vida, la existencia y nuestra humanidad, es inefable.

Por ejemplo, los términos error 404, Wikipedia, los complejos códigos de programación de una computadora, la mezcla de letras, números y caracteres especiales sin un aparente sentido, pero que aquí, en este libro, lo cobran.

La temática resulta buena, el ritmo y la cadencia de algunos versos, bien pensados, proporcionan un placer superior al leerse en voz alta.

Existe también un tono de crítica al mundo actual donde todos somos productos del entorno, engranes que encajan perfectamente dentro del gran sistema al que todos pertenecemos, aquella metáfora de un hombre como una botella vacía, que recuerda al hombre sin cualidades, me parece genial.

Situaciones que son universales: el rompimiento amoroso; la soledad de la adolescencia donde unos se refugian en los videojuegos, las drogas, la música, el conducir tu auto por cualquier avenida de esta gran ciudad.

Así, los aficionados a la poesía podemos vivir un momento mágico muchísimas veces; quien no tiene este placer está condenado a vivir solamente una vez, como diría Agustín Lara, los buenos momentos que nos hicieron felices.

La nostalgia por el pasado, algo también inherente al hombre, ese afán de idealizarlo (como escribió Manrique: “todo tiempo pasado fue mejor”) está presente en Código Konami; también la idealización de momentos que marcaron la juventud de Eduardo de Gortari.

De esta manera lograremos ponernos en sus zapatos para ver, a través de sus ojos, las metáforas, las palabras que van llenando el mundo con un peso irremediable que nos lleva al abismo del sentimiento, del pasado. El acto de escribir es una forma de reinterpretar al mundo, puesto que a veces las cosas no salen como uno las planea, no obstante, al escribir tenemos la posibilidad de crear o recrear una situación mejor de lo que fue; García Márquez decía que “la vida no es la que uno vivió sino cómo la recuerda y cómo la recuerda para contarla”. Con esto queda claro que lo que leemos no necesariamente tuvo que haber sucedido en la vida real, pero sucedió, ya sea en la imaginación, en el papel, o en un mundo paralelo. La posibilidad siempre existe.

Si eres de los que le teme entrarle a la poesía porque es súper complicada, no te preocupes, anímate a leer el Código Konami que posee referentes directos a cosas y objetos cotidianos, cuyos nombres no tendrás que buscar en manuales y ni siquiera en diccionarios. Es una poesía directa y que puede disfrutar cualquiera; no necesitas ser un experto en poesía para poder captar y más aún disfrutar del poder de la palabras, las comparaciones y las metáforas que este libro tiene para ti.

*Eduardo de Gortari, Código Konami, México, Literal, 2015, p.13. (Limón partido)

*Ibídem p. 20

Código Konami de Eduardo de Gortari
Código Konami de Eduardo de Gortari, Proyecto Literal.

Omar Serrano García, 1993. Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Actualmente escribe para la revista Calíope.

Facebook Omar Serrano

Correo: omar_ghz14@hotmail.com

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