Los fantasmas íntimos de Eisenstein

eisenstein, Agustín Jiménez 1931
Eisenstein, Agustín Jiménez 1931

Por Ernesto Reséndiz Oikión

El 20 de enero se celebró la fiesta de san Sebastián, el santo que la cultura gay construyó como un icono homoerótico. El cineasta Sergei Eisenstein, al igual que Yukio Mishima, se rindió a la intensidad que irradiaba el martirio flechado de la figura. Eisenstein recuerda en Yo, memorias inmorales el descubrimiento del santo, a través de una nota roja sobre un dependiente ruso desollado en vida:

“Supongo que, en el futuro, esta impresión determinó en mí cierta acentuada afición por la imagen de san Sebastián. Este san Sebastián –el joven dependiente del Diario de los acontecimientos puesto de pie– es un frecuente visitante de las páginas de mi obra. Mis dibujos casi automáticos a menudo toman la forma de san Sebastián. Llamé Sebastián al peón-mártir del episodio en los magueyes, de la película mexicana, donde él perece –después de toda clase de tormentos– enterrado hasta los hombros, bajo los cascos de los caballos.”

El 20 de enero, en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), el cineasta Peter Greenaway dio una plática sobre su proceso creativo y la película Eisenstein en Guanajuato, como parte de la Cátedra Bergman de la UNAM. El estreno del largometraje de Greenaway coincidió felizmente con la muestra de 33 dibujos pornográficos homoeróticos de Eisenstein, en la sala Paul Westheim, en el marco de la exposición Vanguardia rusa. El vértigo del futuro, en el Palacio de Bellas Artes.

Eisenstein realizó alrededor de tres mil a cuatro mil dibujos, muchos de ellos se perdieron o fueron destruidos; sin embargo, los que se conservan son deslumbrantes. Un lujo de los ojos. Hace algunos años, en el MUAC, se exhibieron los dibujos que pertenecen al archivo del crítico de arte Olivier Debroise. Los que estuvieron en Bellas Artes viajaron desde el Museo Estatal del Hermitage. Algunos tienen papel membretado de la hacienda de Tetlapáyac, Hidalgo, donde Eisenstein filmó algunas secuencias de ¡Que viva México!; otros más tienen membrete del Hotel Imperial, hermoso palacio blanco que tiene sus puertas abiertas en la Glorieta de Colón, en el Paseo de la Reforma. El Imperial puede presumir entre sus huéspedes a Eisenstein y sus hombres.

Peter Greenaway, según informó el diario Milenio, se valió de ocho dibujos para la recreación del despertar homosexual de Eisenstein, en la película. Incluso, el director galés aprovechó la filmación para hacer sus propios dibujos que forman parte del libro Los fantasmas de Eisenstein.

El fantasma que persiguió a Eisenstein, por mucho tiempo, fue su homosexualidad. En las noches, era un joven que soñaba con fantasmas de carne y hueso. Su deseo se expresaba en las imágenes que trazaba. A los dieciocho años, Eisenstein colaboraba con caricaturas para periódicos de Moscú. Este recuerdo, recuperado en sus memorias, es significativo: “En la Petersburgskaia Gazeta incluso hay una caricatura sobre el tema… Firmada por ‘Sir Gay’.” El seudónimo “Sir Gay”, explican las traductoras Selma Ancira y Tatiana Bubnova, “fonéticamente, corresponde a su nombre, Sergei.” El amor decía su nombre en forma de una traducción.

En diciembre de 1930, Eisenstein llegó para filmar ¡Que viva México!, un proyecto que pronto se convirtió en una tarea imposible, con el patrocinio del escritor Upton Sinclair. Nuestro país significó la mayor revolución personal que vivió el artista. Fue aquí donde pudo, por fin, entregarse, a su deseo y así tuvo una explosión de creatividad. El homoerotismo desbordado se volcó en su arte. Los dibujos y las fotografías son un testimonio eufórico de ese tiempo dichoso.

Las cactáceas y órganos descomunales eran las vergas que Eisenstein estaba buscando en su desierto. Los falos, faros de su deseo. Aquí Eisenstein supo de la ternura y de la generosidad de los afines. Aquí amó y cogió con otros hombres y entabló amistad con otros creadores. Entre sus cómplices maricones estuvieron: el poeta y médico Elías Nandino, quien en sus memorias recordaba que Eisenstein hizo unos dibujos, después de que lo vio hacer una circuncisión; el pintor Roberto Montenegro lo pintó en el mural “La fiesta de la Santa Cruz”, del Colegio de San Pedro y San Pablo; el escritor hondureño Rafael Heliodoro Valle conservó en su archivo una fotografía donde Eisenstein se mostraba desenfadado y él aparecía muy sonriente. Además, la estancia dejó otra huella en la literatura: la cuentista estadounidense Katherine Anne Porter, invitada por Eisenstein a Tetlapáyac, escribió un cuento titulado “Hacienda”, sobre la filmación de ¡Que viva México!

Peter Greenaway tuvo una conversación sin empacho, la suya no es una película con intenciones biográficas. El largometraje recuerda más al documental ficcional de Olivier Debroise, Un banquete en Tetlapáyac (2000). Se trata de imaginar la experiencia mexicana, más que representarla. Eisenstein en Guanajuato es una celebración desaforada del amor, el sexo y la muerte. El actor Luis Alberti, quien interpreta el papel del antropólogo tapatío Jorge Palomino y Cañedo, ostenta en la pantalla un pitote que hace las delicias de un Eisenstein encarnado por el actor Elmer Bäck. Alberti construye un personaje que enamora no sólo al ruso, sino al público del otro lado del espejo. El son jarocho “El pájaro carpintero” es un tema entrañable que lleva el ritmo del romance de Eisenstein y Palomino.

En su plática, Greenaway lanzó una provocación, afirmando que el cine, en los términos del dinero de Hollywood, está muerto. El reto es construir un arte al que puedan tener acceso las personas y que no haga concesiones con el mercado.

En varias entrevistas, Greenaway ha afirmado el sentido político de su película. El largometraje es un escupitajo a la homofobia de Estado de Putin, porque visibiliza al más importante cineasta ruso como un artista homosexual. El mismo Eisenstein se enfrentó con su arte a la censura de Stalin. El aparato estalinista consiguió defenestrarlo y humillarlo; incluso, quebrantó su fortaleza física, pero no pudo destruir su cine ni sus dibujos. Las imágenes de Eisenstein perduran con el brillo de los fantasmas.

Cuando terminen estos tiempos funestos de persecución contra las personas no heterosexuales en Rusia, el arte homoerótico de Eisenstein será un motivo más de celebración. El cineasta afirmaba: “Si la revolución me condujo al arte, el arte me llevó eternamente por los caminos de la revolución.” En México, Eisenstein vivió su revolución más personal.

Ernesto Reséndiz Oikión (Zamora, Michoacán, 1988). Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Es ayudante de profesor en la FFyL y becario de investigación en el Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer, en El Colegio de México. Co-coordina el Seminario de Literatura Lésbica Gay en la FFyL. Ha colaborado en la página “Rebeldía”, del Guía. Semanario Regional Independiente, de Zamora y en el libro La memoria y el deseo. Estudios gay y queer en México, publicado por la UNAM en 2014.

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