Los Muertos de Jorge Carrión

Por Israel Sandoval

Tengo en mis manos un libro. Edición mexicana de Los muertos. Debosillo, sello editorial de Random House Mondadori, la trajo al mundo en 2011, un año después de su primera edición española, de la que también fueron responsables. El diseño es estético y agiliza la lectura de una prosa que ya por naturaleza es dinámica; la misma opacidad del papel sobre el que está impreso parece querer decirme “lee”.

El nuevo abre los ojos y siente el agua, abro los ojos y siento las palabras, imágenes cinéticas, concisas, una Nueva York de 1995 que se resume, se delimita en un movimiento de acercamiento fílmico: Un barrio en las estribaciones de la parte alta de Manhattan; ocho manzanas de edificios; cuatro; dos; una; en su lateral izquierdo: un callejón sin salida y, en él, un charco; en el charco, el gran personaje de Los muertos: el nuevo, no El Nuevo como lo llama momentáneamente el autor, sino el que se escribe en minúsculas y que es el nombre común de todos los personajes de su novela.

Es curioso cómo algo tan arbitrario como el nombre nos ayuda a confiar en nosotros mismos, tener un nombre significa poseernos y tal vez es esa la razón por la que este libro me provoca un permanente estado de desconfianza e inseguridad en mí mismo, como lector. En él se pugna en compañía de los personajes por el descubrimiento de sus orígenes y de su naturaleza, igual que de los nuestros. Es el misterio de los muertos y su búsqueda de identidad. A medida que avanza la lectura (además de acostumbrarnos al estilo “televisivo” de Jorge Carrión) nos relacionamos de una forma distinta con la ficción, nos volvemos capaces de mirar cómo la realidad se somete a ella o, mejor dicho, de observar cómo es que necesitamos de la ficción para escapar de los abismos a los que nos entrega nuestro estado de seres humanos, seres conscientes en un mundo lleno de preguntas sin contestación, donde nos obligamos a pertenecer y nos nombramos para poder seguir siendo. Lo real se superpone a la ficción y viceversa; todo el tiempo; existe una retroalimentación permanente que desemboca en nuestra autocreación, pero que no nos deja a salvo de la pregunta “¿quiénes somos?”, no nos da ninguna certeza ante ella.

“Litográfica Ingramex S. A. de C. V.” leo en el colofón y pienso en la historia del libro. No recuerdo su procedencia, lo habré comprado en alguna visita improvisada a la librería. Me cuestiono acerca de mí mismo. Soy un amasijo, mezcla de infancia, familia, juventud y experiencias; soy las redes sociales que utilizo; lo que consumo, cómo me visto; soy música; mi pareja; películas que observo; libros; series y más. ¿Me narro todo el tiempo de la misma forma en que inventé la historia del objeto entre mis manos? Y, entonces… ¿soy mi propio personaje de ficción?

Los muertos pisa los terrenos de la metaficción al proponer reflexiones sobre sus propios procedimientos. Dentro de una ficción crea otra, en la que se ven las repercusiones y los ecos que provoca la trama sobre su mundo “real”, y ahí la intertextualidad sobre la que se construye se hace consciente. Estas reflexiones plantean un puente hacia lo no ficticio. Hoy por la mañana he leído algunas palabras de Jorge Carrión en Facebook: En mi novela Los muertos planteé un debate absurdo: ¿Tienen derechos los personajes de ficción? También eran absurdos, hace décadas o siglos, otras preguntas como: ¿Tienen derechos las mujeres? ¿Y los negros? ¿Y los animales? ¿Y los esclavos? ¿Y los bárbaros extranjeros? […] Cada día que pasa esas cuestiones se hacen más acuciantes, justificando el poder de la ficción para pensar lo real. Y para ponerlo en jaque. Ése es el verdadero punto de quiebre de esta novela: reúne a “todos” los personajes violentados en la historia de la ficción y los reúne en un sólo escenario para denunciar y poner sobre la mesa la violencia cotidiana en el mundo contemporáneo.

Este libro es el primero de la trilogía Las huellas, compuesta también por Los huérfanos (2014) y Los turistas (2015). Ahora estoy en la búsqueda de comenzar una nueva historia con el último de esos libros. Sé que más de una liebre de fuego dejará de leer esto e irá hacia la librería tras Los muertos. Así que me despido. Hasta la próxima.
Para conocer un poco más sobre Jorge Carrión, puedes visitar su página web: http://jorgecarrion.me/

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